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Yolanda Bedregal
OBRA - POESIA - DEL MAR Y LA CENIZA

DEL MAR Y LA CENIZA (1957)

I
Flujo

Una mansa locura de amor al ser invada.
La ceniza inicial de la sangre se evada
a la porción azul de salobre marea
que, en vigilante insomnio, cada orilla golpea.

Tremor que llega herido para herirnos la herida
otra vez en la pulpa de la poma mordida.

Mi cal desmenuzada acéndrase en mi mano;
cáscara transparente, hoja que, de su arcano,
busca la geometría mínima del pistilo
donde, antes de ser lámina, fue punto y después hilo.

Fatal ya se presiente la potestad sañuda
- maciza telaraña sobre larva menuda–
de abstruso pensamiento que tendrá que aplastar
la pequeñez rebelde, la sed de perdurar.

Va desvelando el noto huella oculta en el pasto,
y la tímida bestia rompe su sueño casto.

Esqueleto amasado de polvo en turbias horas
cede sin equilibrio, Amor, si lo desfloras.

Espuma, cuarzo líquido, acosado deseo,
empinado alarido en oscuro tanteo
aguza voz de muertos en la cintura abierta
del mar que suda cantos en unidad desierta.